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El carnaval escolar en Navarra genera polémica por disfraces inusuales

Polémica en las familias: las escuelas sorprenden con nuevos papeles para los estudiantes en las celebraciones, crecen las dudas y los debates entre padres

En una escuela primaria cerca de Pamplona, se pidió a los niños que se disfrazaran del sexo opuesto. Los padres expresan su preocupación por el carácter obligatorio de la actividad. El debate sigue sin apagarse desde hace varios días.

Preguntas sobre los límites de las tradiciones escolares y el respeto a los sentimientos familiares volvieron a estar en el foco tras la decisión de un centro educativo de Navarra. Este año, la administración de la escuela primaria en Mutilva, situada a pocos kilómetros de Pamplona, propuso a los alumnos de quinto curso un formato inusual para celebrar el carnaval. Se indicó que las niñas debían asistir vestidas con trajes masculinos, mientras que los niños debían llevar trenzas y atuendos tradicionalmente asociados con la figura femenina. Los padres se enteraron de esta iniciativa a través de una carta oficial, donde se detallaban los requisitos para la apariencia de los niños.

La reacción de las familias fue diversa. Muchos expresaron su descontento porque la participación en el cambio de vestimenta no se ofreció como algo voluntario. En la carta no se mencionaba la posibilidad de rechazar la propuesta ni de elegir una alternativa. Esto generó un debate en los grupos de padres y en redes sociales, donde surgieron preocupaciones sobre la presión a los niños y la falta de opciones.

Tradiciones y cambios

La tarea escolar se basa en una antigua tradición vasca: la escenificación del desfile Inudeak eta Artzaiak, que en euskera significa «nodrizas y pastores». En la versión original de este ritual, común en Gipuzkoa y el norte de Navarra, cada personaje mantiene su género. Sin embargo, en algunas regiones, como en Vera de Bidasoa, a principios del siglo XX surgió una modalidad paródica donde los hombres y mujeres adultos intercambian los papeles. Los hombres adultos se visten con trajes femeninos, delantales, gorros blancos y trenzas postizas, mientras que las mujeres usan atuendos de pastores con boinas y bastones. En la escuela decidieron repetir precisamente esta versión, pero con la participación de niños de 10 a 11 años.

En la carta enviada a las familias se adjuntaron fotografías como referencia. En una de ellas aparecen hombres adultos con trajes femeninos y en otra, mujeres con disfraces masculinos. En ninguna de las imágenes hay niños menores de edad adolescente. Este hecho también generó debate entre los padres, quienes consideran que este tipo de tradiciones no siempre son adecuadas para alumnos de primaria.

Organización del evento

En el comunicado del colegio se detallaba cómo debían ir vestidos los estudiantes. A las niñas se les recomendó llevar traje de hombre o algo similar: vaqueros, chaleco, camisa, gorra y un bastón. A los niños se les sugirió acudir con ropa femenina, trenzas y una muñeca pequeña. En el colegio prometieron preparar el resto de los elementos del disfraz, como los tocados y las trenzas. Para los padres cuyos hijos no comen cerdo se ofreció una alternativa: en vez de embutido tradicional, un plato de pescado. Asimismo, se propuso pan sin gluten para los niños con alergias o intolerancias.

Los organizadores señalaron que el día del carnaval no era necesario llevar desayuno, ya que el comité de padres prepararía un refrigerio para todos. Sin embargo, la falta de opción en cuanto al disfraz fue la principal causa de descontento. Algunas familias consideran que este tipo de iniciativas deben ser solo voluntarias para evitar incomodar a los niños o generar conflictos en el grupo.

Debate en la sociedad

La situación en Mutilva no es única en España. En los últimos años, los debates sobre la permisividad de las tradiciones escolares que implican disfraces y cambios de roles han sido recurrentes. En distintas regiones del país, tanto familias como docentes se ven obligados a buscar un equilibrio entre preservar el patrimonio cultural y respetar los límites personales de los alumnos. Casos similares ya se han discutido en Madrid y Cataluña, donde también surgieron discrepancias sobre la obligatoriedad de participar en celebraciones tradicionales.

En algunos colegios, tras las quejas de los padres, la dirección revisó sus decisiones y la participación en los disfraces dejó de ser obligatoria. En otros, la discusión abrió un diálogo más amplio sobre el papel de la escuela en la transmisión de valores y sobre cómo tener en cuenta la diversidad de opiniones en la sociedad actual. La cuestión de dónde se encuentra el límite entre tradición y libertad individual sigue sin resolverse y continúa suscitando gran interés.

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