
La agricultura española enfrenta un serio problema: la escasez aguda de mano de obra pone en riesgo el éxito de las campañas clave de recolección de aceitunas y cítricos. La situación es especialmente crítica en Andalucía y Extremadura, regiones donde tradicionalmente se concentra la mayor parte de la producción. Aunque las estadísticas oficiales registran más de 133.000 desempleados en el sector agrario, los agricultores tienen dificultades para contratar trabajadores temporales. Las causas no solo residen en la mecanización, sino también en un sistema de subsidios ineficiente, que hace que el trabajo en el campo no sea rentable para muchos habitantes rurales.
Este otoño, en el valle del Guadalquivir comenzaron simultáneamente tres de las campañas más importantes: la recolección de aceitunas de mesa, la producción de aceite de oliva y la cosecha de cítricos. Solo en la recogida de aceituna se prevén unas 32 millones de jornadas laborales, casi 19 millones de ellas en Andalucía. Esta región aporta hasta el 80% del aceite de oliva producido en España. Sin embargo, incluso estas cifras no garantizan el empleo: muchos agricultores se ven obligados a reducir superficie cultivada o apostar por cultivos más mecanizados para compensar la falta de mano de obra.
Mecanización y subsidios: un doble golpe al mercado laboral
En Extremadura, los empresarios señalan que la falta de mano de obra les obliga a cambiar la estructura de los cultivos. Algunos abandonan por completo la producción de frutas y apuestan por los cereales, donde se puede trabajar con menos personal. La mecanización, por un lado, facilita el trabajo, pero por otro reduce el número de puestos laborales, lo que genera una situación paradójica: el desempleo aumenta mientras las vacantes quedan sin cubrir.
La incompatibilidad entre el trabajo de temporada y la obtención de subsidios agrarios añade una dificultad extra. Para muchos residentes rurales, resulta más rentable permanecer desempleados y recibir ayudas que salir a trabajar al campo. Esto se siente especialmente entre los mayores de 52 años, quienes temen perder el derecho a las prestaciones y no pueden aspirar a una pensión digna. Como resultado, la generación mayor no tiene prisa en abandonar el sector agrícola y los jóvenes no lo ven como un futuro prometedor.
Déficit de personal cualificado y ausencia de relevo generacional
Las organizaciones agrarias subrayan que el problema no reside solo en la cantidad de trabajadores, sino también en su cualificación. Es especialmente difícil encontrar especialistas en maquinaria moderna y operadores experimentados. En los últimos diez años, la superficie de olivares ha crecido considerablemente, junto con la demanda de poda, mantenimiento y otras labores que requieren habilidades específicas.
En la provincia de Jaén se crean anualmente cerca de 50.000 puestos de trabajo a través de un programa especial de empleo, lo que permite a muchos residentes acumular las jornadas necesarias para acceder a subsidios. Sin embargo, la falta de relevo generacional debido a la escasa incorporación de jóvenes y las bajas pensiones para la población mayor impiden la renovación en el sector agrícola. Los agricultores advierten que, si no se aborda este problema, el mercado laboral agrario seguirá sufriendo escasez de mano de obra.
Desigualdad de género y el papel de la mujer en la agricultura
Los sindicatos destacan que las mujeres representan una parte considerable de los desempleados en el sector agrario —más de un tercio— y que afrontan con mayor frecuencia trabajos temporales y discriminación en la contratación. Según los sindicatos, es fundamental impulsar programas de formación y garantizar condiciones que permitan el acceso igualitario de las mujeres a los empleos agrícolas. Solo así será posible paliar en parte la falta de personal y aumentar la eficiencia en la producción agraria.
Otro factor que condiciona la situación es la escasa contratación de trabajadores extranjeros. En Andalucía, la incorporación de mano de obra foránea se centra principalmente en la recolección de fresas en Huelva. Sin embargo, muchos inmigrantes ya presentes en España no pueden acceder legalmente a un trabajo debido a obstáculos burocráticos. Los agricultores afirman que la regularización de estos trabajadores podría aliviar notablemente la crisis de mano de obra en el sector.
Retos para los agricultores y respuesta de las autoridades
El ministro de Agricultura de España, Luis Planas, reconoce que el problema de la escasez de mano de obra en el sector agrícola no tiene una solución sencilla. Hace un llamado a los empleadores para que ofrezcan salarios dignos y creen condiciones que favorezcan la integración de nuevos trabajadores. Según él, incluso una pequeña cantidad de infracciones laborales causa un grave daño a la reputación del sector.
Es revelador que cada año más de 25.000 habitantes de Andalucía viajan a Francia para la vendimia, atraídos por salarios más altos y mejores condiciones laborales. Esto confirma que, para retener a los trabajadores en España, no solo se deben aumentar los sueldos, sino también mejorar las garantías sociales y las condiciones de empleo.
Los sindicatos insisten en la necesidad de firmar un nuevo convenio sectorial, implementar programas para garantizar la igualdad y eliminar la discriminación de género. Solo un enfoque integral permitirá estabilizar la situación y asegurar el éxito de las próximas campañas agrícolas.












