
El Parlamento Europeo aprobó el levantamiento de la inmunidad parlamentaria de Luis Pérez, conocido como Alvise, para que el Tribunal Supremo de España pueda procesarlo en un caso de acoso contra una fiscal de Valencia. La decisión se tomó en la sesión plenaria en Estrasburgo, después de que la comisión correspondiente respaldara la iniciativa casi por unanimidad. En el centro del caso están las publicaciones de Alvise en Telegram, donde reveló la identidad de Susana Gisbert, fiscal especializada en delitos de odio, lo que provocó una oleada de mensajes ofensivos dirigidos a ella.
El Tribunal Supremo de España solicitó autorización para procesar al diputado de SALF, sospechoso de acoso, incitación a la agresión contra una funcionaria, amenazas y difusión de mensajes de odio a través de redes sociales. Según la investigación, a principios de 2024, Alvise publicó los datos de Gisbert en su canal, tras lo cual ella recibió más de 1.500 comentarios, la mayoría de carácter insultante. El informe, elaborado por el diputado italiano Mario Furore, señala que, en el momento del presunto delito, Alvise aún no era eurodiputado, ya que fue elegido en junio de ese mismo año.
Esta es la primera de las dos solicitudes oficiales del Tribunal Supremo para levantar la inmunidad de Alvise Pérez. La segunda solicitud, que aún está en trámite, se refiere a un posible financiamiento ilegal del partido SALF: según la investigación, el diputado podría haber recibido 100.000 euros de un empresario para la campaña electoral de las elecciones al Parlamento Europeo. Además, el Tribunal Supremo lleva a cabo investigaciones separadas por presunta revelación de secretos y acoso a los excompañeros de partido Diego Solier y Nora Junco, así como por un caso relacionado con la publicación de un test falso de COVID-19 supuestamente atribuido a Salvador Illa.
La votación en el Parlamento Europeo transcurrió sin sorpresas: la mayoría de los diputados apoyó el levantamiento de la inmunidad, lo que abre la puerta a un proceso judicial en España. Las cuestiones sobre el uso permitido de nuevas tecnologías y redes sociales en la política pública son cada vez más relevantes; anteriormente en España ya se habían producido debates sobre los límites de la conducta aceptable de funcionarios y jueces en el entorno digital. Por ejemplo, en uno de los casos recientes, un juez fue sancionado por emplear inteligencia artificial al preparar una sentencia, lo que generó un amplio debate entre la comunidad profesional.
La situación en torno a Alvise Pérez subraya cuán relevante es en España la cuestión de la responsabilidad de las figuras públicas por sus acciones en internet. Los próximos pasos dependerán de las decisiones del Tribunal Supremo y de posibles nuevas solicitudes para levantar la inmunidad en otros casos. Por ahora, el caso de la persecución a la fiscal de Valencia se convierte en uno de los ejemplos más notorios de la intersección entre política, redes sociales y práctica judicial en la España actual.











