
En pleno corazón de la región vinícola de La Rioja, en la ciudad de Haro, entre antiguos muros de piedra y barricas de vino envejecido, se esconde una verdadera maravilla arquitectónica. Se trata del pabellón Eiffel, una de las pocas obras del célebre ingeniero francés fuera de su país natal. Esta estructura, que forma parte de la histórica bodega Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), no es simplemente un edificio hermoso, sino una solución de ingeniería adelantada a su tiempo.
Una revolución en la arquitectura del vino
Construido entre 1890 y 1909, el pabellón fue diseñado con un objetivo principal: optimizar los procesos dentro de la bodega. Gustave Eiffel propuso una estructura revolucionaria para su época. Eliminó por completo las columnas interiores, utilizando un sistema de vigas metálicas que se apoyan directamente en los muros. Así consiguió crear un único espacio abierto de 800 metros cuadrados, ideal para mover barricas y supervisar la crianza del vino. Sorprendentemente, hoy, más de un siglo después, este recinto sigue cumpliendo su función original: aquí se cría uno de los vinos más emblemáticos de la compañía, el Imperial.
El legado vivo de Eiffel
Una reciente restauración devolvió al edificio su amplitud original, liberándolo de las filas densas de barricas que antes ocupaban casi todo el espacio. Ahora, los visitantes del complejo «Aldea del Vino», en cuyo territorio se encuentra el pabellón, pueden apreciar plenamente la visión del ingeniero. Aunque la mayor parte del legado de Eiffel se encuentra en Francia, su genio también dejó huella en otras regiones de España, como el desaparecido puente ferroviario sobre el río Tajo en Extremadura. Sin embargo, pocos de sus proyectos en el extranjero se han conservado tan bien y siguen desempeñando la función para la que fueron creados.
Tradición y modernidad
La bodega CVNE destaca no solo por su arquitectura. Desde 2005, su equipo técnico está compuesto exclusivamente por mujeres enólogas, algo poco común en un sector históricamente dominado por hombres. Las trabajadoras subrayan que esto no es fruto de una política deliberada, sino de una selección natural basada en el profesionalismo. «Nos contrataron no por ser mujeres, sino por nuestros conocimientos y habilidades», señala una de ellas. El pabellón de Eiffel se ha convertido en una parada obligatoria en las rutas del vino por Rioja. Su singularidad arquitectónica y su rica historia atraen a aficionados de todo el mundo, situándolo al nivel de otras atracciones como el «cementerio de botellas», donde se guardan añadas desde 1928.
Cabe destacar que Alexandre Gustave Eiffel fue un destacado ingeniero francés, especializado en el diseño de estructuras metálicas. Su nombre quedó grabado en la historia gracias a la torre de París, construida para la Exposición Universal de 1889. Sin embargo, su legado es mucho más amplio. Eiffel también diseñó el esqueleto interior de la Estatua de la Libertad en Nueva York. Además, su oficina creó cientos de puentes, estaciones de tren y otras edificaciones en todo el mundo, desde Portugal hasta Vietnam. Sus obras se convirtieron en símbolo de la revolución industrial y del progreso de la ingeniería.












