
En Barcelona ha comenzado una iniciativa que puede cambiar la relación de los ciudadanos con los recursos urbanos y la responsabilidad social. El foco está en las naranjas amargas de la calle, que antes simplemente se pudrían en las aceras. Ahora, los escolares las recogen para darles una nueva vida y apoyar a quienes más lo necesitan.
En una mañana de viernes, cuando el sol apenas asomaba tras largas lluvias, 60 alumnos del Institut Verdaguer salieron al Parc de la Ciutadella. Su objetivo era recoger la mayor cantidad posible de naranjas amargas, que luego se convertirán en mermelada. Esta acción forma parte de un programa municipal que une escuelas, organizaciones benéficas y el Ayuntamiento.
La ciudad y los niños
La recogida de naranjas no se limita al centro. Durante varios días, actividades similares tendrán lugar en los barrios de Ciutat Vella, Les Corts, Eixample, Gràcia, Horta-Guinardó, Sant Martí, Sant Andreu y, por primera vez, Sarrià – Sant Gervasi. La invitación está abierta a todos los interesados, no solo estudiantes. Cada caja recolectada pesa unos 20 kilos, y en una hora los árboles ya lucen mucho más vacíos.
Antes de comenzar, los organizadores explican cómo usar correctamente los ganchos especiales para no dañar la fruta. A los niños se les aconseja dejar sus cosas personales a un lado y prestar atención a las instrucciones. A pesar de las bromas sobre el sabor de las naranjas, la mayoría participa con entusiasmo. Para muchos es su primera experiencia en un proyecto municipal en el que el resultado es inmediato.
La segunda vida de las frutas
Las naranjas recolectadas no se envían a los supermercados. Se llevan al taller EsImperfect, donde personas en situación de vulnerabilidad reciben formación y acceden a un empleo. Allí, la fruta se transforma en mermeladas, patés y otros productos que luego llegan a comedores sociales y organizaciones benéficas.
El proyecto no solo apoya a los colectivos vulnerables, sino que también resuelve varios problemas urbanos a la vez. Las calles se mantienen más limpias, desaparecen las quejas vecinales por la fruta en descomposición y, lo más importante, disminuye la cantidad de residuos orgánicos. Según los expertos, iniciativas como esta promueven en niños y adultos una nueva actitud hacia la comida y el medioambiente.
Participación ciudadana
La idea pertenece al programa Mans al Verd, gestionado por el departamento municipal de parques y jardines. A través de una convocatoria abierta, se sumaron escuelas y organizaciones sin ánimo de lucro al proyecto. Los responsables de los parques subrayan que los árboles urbanos son un patrimonio común y que cada vecino puede aportar a su conservación y uso responsable.
A pesar de una modesta campaña informativa, siempre hay mucha gente interesada en participar. A veces los grupos alcanzan hasta 70 personas. Los organizadores destacan que este tipo de acciones no solo resuelven cuestiones cotidianas, sino que también se convierten en espacios para la educación ecológica y social. Los niños aprenden a valorar los alimentos, a comprender la importancia del trabajo conjunto y a ver el resultado de su esfuerzo.
Ecología y educación
En Barcelona hay alrededor de 3.300 naranjos, lo que representa aproximadamente el 1,5% de toda la vegetación urbana. La mayor concentración se encuentra en el distrito de Sant Andreu, donde el proyecto comenzó en 2021. Si no se recogen los frutos, en invierno simplemente caen al suelo y se echan a perder. La transformación de las naranjas en mermelada permite no solo reducir los residuos, sino también crear empleo para personas en situación vulnerable.
El programa incluye también talleres educativos. En las escuelas se enseña a los niños el valor de los alimentos, la importancia del respeto por la naturaleza y la responsabilidad colectiva. Los organizadores están convencidos de que cuanto antes se forme una conciencia ecológica, más posibilidades hay de que la ciudad sea más limpia y acogedora para todos.
En los últimos años, en España y en otros países europeos, se han vuelto populares los proyectos de recolección y aprovechamiento de frutas urbanas. En Madrid y Sevilla también se llevan a cabo iniciativas donde voluntarios y estudiantes recogen frutos de las calles para producir mermeladas y jugos. En algunas ciudades, estos programas forman parte de cursos educativos y los productos se destinan a organizaciones benéficas locales. Estas iniciativas no solo resuelven el problema de la gestión de residuos, sino que además fomentan una nueva visión del espacio y los recursos urbanos entre los ciudadanos.












