
En Málaga se intensifican las polémicas en torno al futuro hotel de gran altura que se planea construir en la zona portuaria. La presentación de la versión final del proyecto se llevó a cabo sin la presencia de sus principales protagonistas: el arquitecto, el presidente de la Autoridad Portuaria y el alcalde de la ciudad. A pesar de ello, los inversores anunciaron un aumento significativo del presupuesto: ahora la inversión asciende a 200 millones de euros. Sin embargo, aún no se ha determinado qué compañía gestionará el nuevo complejo hotelero.
La mayor obra del decenio
El rascacielos proyectado, de 144 metros de altura, promete cambiar el perfil habitual de Málaga. En la última década, el proyecto ha sufrido múltiples modificaciones: desde la forma del edificio hasta el coste, que se ha duplicado durante este tiempo. Inicialmente, se preveía una torre cilíndrica, pero ahora se plantea una estructura rectangular. El arquitecto David Chipperfield no pudo presentar personalmente el nuevo diseño, mientras que su predecesor, José Seguí, abandonó definitivamente el proyecto tras el cambio de concepto.
El plan urbanístico contempla no solo la creación de un hotel con 382 habitaciones, sino también la mejora de toda la zona colindante. El proyecto prevé la construcción de un bulevar, un carril bici, un mirador, nuevas plazas, jardines, un centro para congresos y espacios comerciales. En total, la superficie renovada será de 54.000 metros cuadrados. Sin embargo, los detalles sobre el propio hotel y su operador se mantienen en secreto, y el nombre de la futura torre aún no se ha revelado.
Descontento social y batallas legales
Desde el principio, la propuesta de construir un hotel de gran altura provocó una fuerte reacción entre los ciudadanos. A lo largo de los años, se presentaron más de 1.400 objeciones oficiales, se organizaron protestas masivas y surgieron declaraciones críticas por parte de organizaciones sociales y expertos en arquitectura y patrimonio cultural. En particular, los opositores al proyecto temen que el nuevo edificio altere el paisaje histórico y cambie la silueta reconocible de Málaga.
Actualmente, la ejecución del proyecto está paralizada por dos demandas judiciales presentadas por una plataforma ciudadana y la Academia de Bellas Artes de San Telmo. La decisión final sobre la viabilidad de la construcción deberá ser tomada por el Consejo de Ministros de España, que tendrá que declarar el proyecto de interés para la ciudad. Sin embargo, las autoridades ya han anunciado que no abordarán esta cuestión hasta que se resuelvan todos los procedimientos judiciales.
Argumentos de las partes y perspectivas de realización
Los inversores destacan que el proyecto aportará nuevos espacios públicos a la ciudad y actuará como motor para el desarrollo de la zona costera. Aseguran que la propuesta arquitectónica se integrará armoniosamente en el entorno portuario y urbano, y que la transparencia y el diálogo con los residentes seguirán siendo prioritarios. No obstante, representantes de partidos de la oposición y parte de la ciudadanía exigen detener la construcción y convocar un referéndum, para que los malagueños puedan expresar su opinión directamente.
El alcalde de Málaga, aunque ausente en la presentación, respaldó la idea de construir un gran hotel, considerándolo clave para el desarrollo turístico y económico de la ciudad. En su opinión, la propuesta arquitectónica logra integrar exitosamente la nueva torre con el centro histórico y el paseo marítimo.
Plazos e incertidumbre
Si se superan todos los obstáculos legales y administrativos, el inicio de las obras está previsto para 2026. Sin embargo, los expertos consideran que este plazo es demasiado optimista, dada la cantidad de cuestiones sin resolver. Una vez que arranque, la construcción del complejo llevará al menos tres años.
Por ahora, el futuro del mayor proyecto urbanístico de Málaga sigue en el aire. La ciudad espera expectante —¿cambiará su imagen para siempre o la ambiciosa iniciativa se quedará solo en papel?











