
En Barcelona concluyó el foro internacional «Movilización Progresista Global», que reunió a destacados representantes de partidos de izquierda y de centro de Europa, América Latina y África. Ante el notable auge de los movimientos de extrema derecha, los participantes debatieron cómo contrarrestar su influencia y recuperar la confianza en la política progresista. Según El País, la cuestión central fue no solo la crítica a las fuerzas nacionalistas y populistas, sino también la búsqueda de nuevos enfoques para fortalecer la democracia y la justicia social.
Desacuerdos y puntos de encuentro
En el foro participaron el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; así como líderes de Francia, Italia, Alemania, México y Colombia. A pesar de la voluntad general de unidad, persistieron desacuerdos entre los asistentes en una serie de temas clave. Por ejemplo, las posiciones sobre el conflicto en Ucrania diferían notablemente: los socialdemócratas europeos defendieron una línea dura respecto a Rusia, mientras que Lula y Ramaphosa mantuvieron una postura más moderada. Además, se abordaron las diferencias entre los socialdemócratas europeos moderados y los populistas de izquierda de América Latina.
Pedro Sánchez, en su intervención, subrayó que las fuerzas de ultraderecha, a pesar de sus declaraciones ruidosas, están perdiendo apoyo debido a la falta de soluciones reales y a sus enfoques económicos obsoletos. Señaló que, en su opinión, el modelo neoliberal se agotó tras la crisis de 2008, y que las políticas progresistas pueden ofrecer una alternativa. Por su parte, Lula da Silva recordó el intento de golpe de Estado en Brasil e instó a no subestimar la amenaza que representan los movimientos radicales para la democracia.
Retos para la democracia y la economía
Uno de los temas centrales del foro fue la necesidad de reformar las instituciones internacionales. Lula y Sánchez señalaron la importancia de actualizar la estructura de la ONU, el Consejo de Seguridad, el FMI y el Banco Mundial, para que reflejen las realidades actuales y los intereses de los países del Sur global. Sánchez también indicó que Occidente tendrá que ceder parte de su influencia en aras de la estabilidad y la confianza de los Estados en desarrollo.
Las cuestiones económicas ocuparon un lugar aparte en el debate. La economista Mariana Mazzucato propuso vincular las inversiones y subvenciones estatales con el compromiso de las empresas con el respeto al trabajo y el desarrollo sostenible. Gabriel Zucman llamó la atención sobre el problema de la evasión fiscal entre los más ricos y propuso establecer un impuesto sobre las grandes fortunas. El político francés Olivier Faure relacionó el auge del apoyo a la ultraderecha con la insuficiente accesibilidad del transporte público, lo que incrementa el sentimiento de aislamiento en parte de la población.
Riesgos tecnológicos y nuevas amenazas
Los participantes prestaron especial atención a la influencia de los gigantes tecnológicos en la política y la sociedad. La experta Francesca Bria advirtió que los propietarios de las mayores plataformas digitales buscan no solo el beneficio, sino también influencia política, llegando a controlar la infraestructura e incluso ciertas funciones del Estado. Hizo un llamado a la creación de plataformas digitales públicas que sirvan a los intereses de la sociedad y no de corporaciones privadas.
Durante los debates se escucharon llamamientos a una coordinación más estrecha entre las fuerzas progresistas de diferentes países. El vicecanciller de Alemania Lars Klingbeil y la líder de los demócratas italianos Elly Schlein señalaron que la ultraderecha ya actúa a nivel internacional y que solo un esfuerzo conjunto puede ser una respuesta eficaz. Según los participantes, es precisamente ahora, en el contexto de los errores y excesos de la ultraderecha, cuando surge una oportunidad para renovar la agenda de la izquierda.
Contexto y consecuencias para España
El foro de Barcelona fue la continuación de una serie de encuentros internacionales donde se debaten los riesgos para la democracia y las vías para la reforma. En España, el tema de la lucha contra la desigualdad y el aislamiento social sigue siendo relevante, especialmente ante el aumento de los precios y la presión sobre el mercado de la vivienda. Como mostró un reciente análisis sobre la situación de la vivienda en Madrid, los problemas sociales afectan directamente al clima político y al apoyo a fuerzas radicales.
Al término de la reunión en Barcelona, los participantes subrayaron que las fuerzas progresistas no solo deben criticar a sus opositores, sino también proponer soluciones concretas para fortalecer la democracia, la justicia social y regular las nuevas amenazas. En el futuro próximo se esperan nuevas iniciativas para reformar las instituciones internacionales y reforzar la coordinación entre los países.












