
Las autoridades españolas concedieron protección internacional a una familia de Gaza, pero ejercer el derecho a salir resultó imposible: el cabeza de familia falleció sin poder abandonar el enclave. La historia de la familia Elaila evidencia que una decisión oficial sobre el asilo no garantiza la salvación si no existe un mecanismo real de evacuación.
Visa concedida, salida denegada
Abdul Hamid Elaila, su esposa Samira y su hijo Wisam recibieron aprobación para el asilo en España en otoño de 2024. El motivo formal fue el estatus familiar: el hermano mayor de Abdul es ciudadano español y otro hijo vive desde hace tiempo en Sevilla. Según la ley, estos vínculos permiten solicitar protección por el principio de reunificación familiar. Sin embargo, tras la emisión de los visados, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España les remitió al consulado en Estambul para recoger la documentación. Para los habitantes de Gaza, este requisito resultó imposible de cumplir: debido al bloqueo israelí, las fronteras estaban cerradas y viajar a Turquía era prácticamente inviable.
Wisam logró salir a través del paso fronterizo de Rafah solo en diciembre de 2024, pagando una cantidad significativa. Sus padres permanecieron en Gaza. Abdul sufría una grave enfermedad cardíaca que requería tratamiento en el extranjero, pero la falta de acceso a medicamentos agravó su estado. En la primavera de 2025 falleció sin llegar a ser evacuado.
Burocracia y fronteras cerradas
Incluso después de recibir la aprobación oficial para tratamiento en el extranjero por parte de la Organización Mundial de la Salud, Abdul no pudo salir sin el permiso de las autoridades israelíes. El procedimiento requiere la coordinación entre organismos palestinos, israelíes e internacionales, y la decisión final la toma el Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios (Cogat). En el caso de Abdul, la parte israelí no dio una negativa directa, pero tampoco proporcionó una respuesta, lo que en la práctica bloqueó su salida.
Los servicios consulares españoles no pudieron ofrecer soluciones alternativas a la familia. En una de las cartas recibidas por el abogado de la familia en febrero de 2025, el consulado en Jerusalén indicó explícitamente: el paso de Rafah para personas con protección internacional permanece cerrado, y no se conoce la fecha de su reapertura. Según datos de RUSSPAIN, estas situaciones no son aisladas: cientos de personas con permisos de tratamiento o asilo no pueden salir de Gaza debido a restricciones burocráticas y políticas.
Tragedia personal y vida destruida
Abdul Hamid Elayla era doctor en Derecho, trabajaba en el departamento jurídico del Consejo Legislativo Palestino, impartía clases en la universidad y participaba en actividades sociales. Tras el inicio de la guerra en 2023, su familia se vio obligada a abandonar su hogar en el barrio de Tel Al-Hawa y trasladarse a Rafah. La casa fue destruida por un bombardeo aéreo, lo que supuso un duro golpe para Abdul. Su salud se deterioró bruscamente: la enfermedad cardíaca crónica, la falta de medicamentos, el estrés y las malas condiciones de vida provocaron varias crisis graves.
Su hijo Wisam señala que la imposibilidad de ayudar a su padre y la falta de acceso a asistencia médica fue una tragedia para la familia. Según él, en Gaza las personas no solo mueren a causa de los bombardeos, sino también por no poder salir para recibir tratamiento. Esta historia es solo una entre muchas en las que las decisiones formales de protección no garantizan un salvamento real.
Contexto y reacción
La situación de evacuación desde Gaza sigue siendo extremadamente complicada: incluso con visados y permisos oficiales, la salida es imposible sin la coordinación con las autoridades israelíes. Las organizaciones internacionales registran numerosos casos de retrasos y denegaciones, especialmente para personas gravemente enfermas. Según abogados, los servicios consulares españoles no siempre pueden intervenir para agilizar los trámites. El acceso a la evacuación médica y la aplicación real de las decisiones de asilo siguen siendo cuestiones sin resolver.
El tema de la imposibilidad de ejercer derechos incluso contando con documentos oficiales y decisiones de las autoridades ha sido objeto de debate en repetidas ocasiones en los medios españoles. Por ejemplo, anteriormente la presentadora de La Hora de La 1 abordó cuestiones sobre la transparencia y honestidad en el funcionamiento de las entidades estatales, asunto que se analizó en detalle en el artículo sobre las declaraciones de Silvia Intxaurrondo en TVE.












