
El domingo, la presidenta de Madrid, Ayuso, llegó a México en visita oficial, que de inmediato se vio en el centro de una confrontación política. En los últimos meses, ha calificado repetidamente a México como un “narcoestado” y ha acusado a la presidenta del país, Claudia Sheinbaum, de emplear métodos dictatoriales y de tener posturas de extrema izquierda. Estas declaraciones generaron una notoria repercusión en ambos países y provocaron una respuesta pública por parte de las autoridades mexicanas.
Durante su viaje de 10 días, Ayuso planea visitar cuatro ciudades y mantener encuentros con la dirección de grandes empresas, incluidas Cemex y Alsea. Llamó especialmente la atención su participación en la ceremonia en memoria de Hernán Cortés en la catedral de Ciudad de México. Este gesto se interpreta como un acto político: Ayuso defiende abiertamente la postura de que la colonización española no solo trajo destrucción, sino también el desarrollo de la educación, la legislación y la protección de los pueblos originarios. Asimismo, rechaza sistemáticamente reconocer la necesidad de que España presente disculpas oficiales a México por los hechos del siglo XVI, a pesar de las exigencias de los líderes mexicanos durante años.
La cuestión de la responsabilidad histórica sigue siendo objeto de debate entre los países. El expresidente de México, López Obrador, envió ya en 2019 una carta al gobierno español solicitando el reconocimiento de los crímenes cometidos durante la conquista por Cortés, pero no recibió respuesta. La nueva presidenta, Claudia Sheinbaum, mantiene la línea de su antecesor, y el partido Morena, fundado por Obrador, conserva un alto nivel de apoyo entre la población. Al mismo tiempo, Ayuso y sus seguidores en el Partido Popular consideran que España no debe hacer concesiones en cuestiones de memoria histórica.
La retórica de Ayuso hacia los gobiernos de izquierda de América Latina se vuelve cada vez más dura. Utiliza expresiones similares al referirse a las autoridades de Colombia y Brasil, lo que aumenta la tensión en las relaciones internacionales. En México, sus declaraciones causaron irritación: Claudia Sheinbaum reaccionó públicamente a las palabras provocadoras con claro desdén. Dentro de la propia España, estos enfoques sobre cuestiones históricas ya habían sido objeto de debate, como ocurrió con la iniciativa conjunta hispano-mexicana para replantear el pasado común — los detalles están disponibles aquí.
La cuestión sobre la forma de escribir el nombre del país también se ha convertido en un elemento simbólico de la disputa: Ayuso continúa utilizando la variante «Méjico» con «j», a pesar de que en el propio México y según la recomendación de la RAE se prefiere la escritura con «x» —«México»—, que refleja el origen náhuatl de la palabra. Este matiz lingüístico resalta la profundidad de las diferencias no solo en política, sino también en la percepción del patrimonio cultural.












